#Issue 21: Por qué nunca dejar de ver "Trenes rigurosamente vigilados".

Es curioso cómo a estas alturas de la vida, acostumbrados a todo, el arte difícilmente nos escandaliza por violento o por explícito porque la propia realidad que muestran los telediarios es suficientemente cruda. Resulta curioso cómo lo que hace medio siglo pasaba desapercibido es justamente algo que hoy puede hacernos llevar las manos a la cabeza. ¿Y cómo es posible que, inmunes ya a la pornografía y a la violencia nos pase? La respuesta está una vez más en la magia del cine, en las formas de contar.


Y no el cine que podemos estar pensando (resulta inevitable al pensar en el cine producto de la URSS como algo gris y panfletario) sino en la obra cumbre del cine checoslovaco de los años 60. No todo es tan gris como parece. Y el film que queremos rescatar hoy está basado en la novela homónima de 1965 de Bohumil Hrabal Trenes rigurosamente vigilados (1965), ya considerado uno de los grandes nombres de la literatura checa del siglo XX y de quien se han llevado al cine otras obras (quizá más conocidas) como Yo que serví al rey de Inglaterra. e incluso la que hoy nos ocupa en varias versiones.


La acción se sitúa a finales de la Segunda Guerra Mundial durante la ocupación alemana en Checoslovaquia, y no en los campos de batalla sino en una estación de tren de un pueblecito. De hecho, esa violencia implícita que conlleva el cine bélico ni siquiera se ve ya que la presencia del mundo nazi está en un segundo plano. Aquí empieza lo destacable de esta maravilla cinematográfica que no hace una tragedia de lo que ya fue, sino que a través de la ironía muestra la vida cotidiana de seres aún más cotidianos como son los trabajadores de una estación de tren y de su guardavías, encargado de controlar los trenes rigurosamente vigilados que llevan armamento a los soldados alemanes.


Y precisamente lo irónico no es especialmente dulce, y en el amargor que deja en el aire entra el juego la lectura que a través de la sexualidad en los personajes el lector debe hacer de la obra. Porque aunque suene extraño, una gran obra puede tratar en apariencia de la impotencia de un guardaraíles provinciano en la Segunda Guerra Mundial. Pero como decimos, sólo en apariencia.


En general, cualquier cosa que ha salido de las manos de Bohumil Hrabal es recomendable, incluso su autobiografía es una delicia que nos pone en evidencia su visión del héroe como un ser cotidiano como él mismo fue, hasta el punto de acabar su vida cayendo de un quinto piso de un hospital mientras daba de comer a las palomas. Mezclar la tragedia con el sarcasmo, el drama con lo escatológico y la risa es algo habitual en su obra, como también lo es en la vida.


//R.

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