#Issue 49: Ficción para (sobre)vivir la Navidad (I).

La Navidad es sin duda la festividad más edulcorada y peculiar de las festividades celebradas en Occidente, una especie de viaje hacia una realidad paralela que nos mantiene durante unos días alejados de la cotidianidad y —aparentemente— cargados de buenos deseos. Lo religioso se mezcla con lo pagano y con los fines comerciales de la vida moderna y el resultado de ese totum revolutum pasa por innumerables cenas familiares y programas de televisión que se recrean y regodean en los buenos sentimientos que nos hacen olvidar la parte mala de la vida que ya vemos a diario. Como esto no viene de ahora, en los últimos siglos ya se empezó a desarrollar una suerte de espectáculo de entretenimiento basada en esos buenos sentimientos capaces de cambiar a la gente que, si en una palabra puede resumirse, sería 'milagro'.


No es que seguramente los haya, es que a ciencia cierta en la actualidad se escriben maravillosas ficciones de esta temática que ya podríamos considerar un género al que aplicar el rótulo de "navideño", y desde luego un tanto menos...¿hipócrita? que la cantinela a la que estamos acostumbrados. Pero una cosa no quita la otra y no escribimos hoy por eso, sino para traer a colación que esas viejas historias que podríamos tildar de rancias, no por mucho repetirlas dejan de tener su encanto.


Sobre todo el siglo XIX nos ha dejado ejemplos memorables de mano de autores que no destacan precisamente por ser bondadosos con sus personajes como lo fueron el británico Charles Dickens, el alemán E.T.A. Hoffmann o también británico Oscar Wilde. Uno ha pasado a la historia por sus retratos nada halagüeños de la sociedad del momento y por su espectacular realismo que pone de relieve los vicios del siglo, el otro es prácticamente uno de los introductores de la literatura fantástica pero no precisamente por sus cuentos de hadas, sino por el tenebrismo de historias como la de "El hombre de arena". Seguramente si le preguntáramos a cualquiera por la historia de Navidad más famosa diría que se trata del "Cuento de Navidad" (aunque haya un puñado de obras literarias que se titulan así), y todos se referirán a la novela A Christmas Carol de Charles Dickens. La historia es tan simple y conocida que ha sido mil veces recreada y parodiada en múltiples formatos conservando su esquema y su intención moralizantes: un viejo avaro se niega a compartir ni a disfrutar de la Navidad hasta que se aparecen unos fantasmas que le hacen ver lo importante de la vida y lo inútil que puede ser el dinero para alcanzar la verdadera felicidad. Un intento muy válido del autor inglés desde lo fabulístico atacar a la sociedad materialista del momento, tan válido para el nuestro.


Y un puro cuento de hadas simple pero efectivo es el cuento "El gigante egoísta", tan enternecedor que no le pega nada a su autor. Quién no conoce la historia del gigante que echó a los niños de su jardín para finalmente derribar los muros y enternecerse tanto que acabó ganándose el cielo. Otro ejemplo más pensando en el autor de que, aunque por unos días, tampoco está tan mal sacar estos cuentos de la infancia y ponernos... así de tiernos.



//R.

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