#Issue 51: El último obituario de la ciencia.

En los últimos días las páginas y secciones de ciencia están llenos de un nombre: Vera Rubin, y lamentablemente por causa de su fallecimiento. Lo único positivo que pueden tener y tienen los obituarios es, como en este caso, que nos dan a conocer (aunque tarde) la labor de personas que nos sorprenden y llegamos a admirar y a lamentar no haber disfrutado más de su trayectoria en vida. Cuando se trata de mujeres que han han tenido trabajos tradicionalmente asociados a la masculinidad llama (injustamente) más la atención, como es el caso de Vera Rubin.



Estadounidense nacida en 1928 supuso un hito en la historia de la física del siglo XX cuando en los años 70, en medio de las investigaciones sobre el espacio puso en jaque el paradigma de la física moderna reinante hasta el momento. Tras no ser aceptada en Princeton por ser mujer y de estudiar en Cornell y en Georgetown (donde hizo su tesis mientras cuidaba a sus hijos), se encontraba investigando junto a Kent Ford la velocidad de rotación de la Galaxia de Andrómeda. Ya había sugerido la existencia de una materia no convencional y desconocida que ejercería su influencia gravitatoria sobre las estrellas más alejadas del centro galáctico, algo que se demostró cuando se percataron de que viajaban a la misma velocidad que las más cercanas. ¿Cómo era esto posible siguiendo las leyes de Newton? Pues en efecto, porque esa materia desconocida que ahora llamamos 'materia oscura' ejerce una fuerza sobre sobre los astros diez veces mayor que la materia convencional.


Cuatro décadas más tarde seguimos sin tener certezas sobre cómo funciona el universo, y mucho menos sobre la propia materia oscura, de la que no sabemos ni de qué está hecha. Eso sí: hasta que se siga avanzando y descubriendo, la teoría de Rubin seguirá siendo válida y , hasta entonces, lo que creemos conocer sobre el universo es que está formado de un 5% materia convencional, un 25% materia oscura y el resto... energía de la que tampoco conocemos demasiado.


Vera Rubin ha supuesto un ejemplo simbólico de la desigualdad que no sólo ha habido en el propio campo de la física sino también de los premios. Ha sido una de las grandes candidatas a ganar el Nobel de física, un premio que hasta ahora ha tenido un 99% de ganadores varones. En cualquier caso, ella misma rechazó la fama y afirmó que se consolaría con haber servido a la ciencia y haber aportado datos decisivos con sus investigaciones para los siglos venideros. Estamos seguros de que sí.


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