#Issue 4: El amor en los tiempos de Facebook...y de los universos paralelos.

Cosas del mundo editorial, que a Félix J. Palma (autor de novelas precisamente no demasiado escuetas) le ilustren las cubiertas de tal manera que aquello parezca a todas luces todo un best-seller que te entretenga durante, al menos, las próximas mil páginas. Luego la realidad es otra cosa, pero la supuesta jerarquía de los subgéneros literarios tiene bastante que ver con la tiranía de los prejuicios, y no digamos en el caso de la ciencia ficción. Ya en El mapa del caos el autor gaditano decidió jugar con ciertos presupuestos insinuados por la física cuántica pero sin tratar de hablar de ella. Más bien una pura coincidencia. Mientras en la ficción creada por Félix J. Palma lo que los habitantes de un universo cotidiano hacían resultaba tener consecuencias en sus gemelos habitantes de un universo paralelo. Poco tiempo más tarde, hace apenas unos tres años, un buen día los telediarios anunciaban que según una universidad norteamericana lo que parecía ficción podría estar sucediendo en la realidad.

Y así es como poco a poco nos hemos empezado a familiarizar con eso que llaman la teoría del Multiverso, los universos infinitos o universos paralelos. La idea de que el universo que habitamos es infinito ya es bastante compleja de asimilar y aprehender, pero por si fuera poco, ahora se abren infinitas posibilidades de infinitos mundos. Un artículo como el aparecido en el diario El País el 10 de octubre del 2014 a colación de un congreso celebrado en la UNAM nos pone tras la pista de lo que estamos hablando. ¿Y si la realidad no terminara donde nosotros la establecemos? Parece ser probable que, aunque ahora mismo no podamos saber nada sobre ellos (e incluso nunca se llegue a conseguirlo en el futuro) existan infinitos mundos paralelos casi idénticos al nuestro, en realidad tantos como infinitas probabilidades puedan darse de cada situación.

Cubierta de El amor no es nada del otro mundo, Plaza & Janés

En realidad, esto es algo que científicamente aún está por probar, pero la sencilla idea en líneas generales de lo que esto supone a todos los niveles es tan abrumadora como fascinante. Y ahora es cuando volvemos a la ciencia ficción para recordar cómo este subgénero — la mayoría de las veces injustamente denostado desde el desconocimiento—ha sabido adelantarse a los tiempos y, sobre todo, utilizar la ciencia para explicar no ya lo posible futuro, sino el presente. Y así magistralmente Félix J. Palma (esta vez acompañado de la escritora María Fortea) ha llevado adelante a cuatro manos una novela que reúne todo lo anterior. Con una cubierta un tanto naif y un título como El amor no es nada del otro mundo (Tusquets, 2016) desarrollan a lo largo de 400 páginas una historia de desamor cotidiana que en realidad esconde una visión irónica y bastante ácida de nuestra dependencia cotidiana de las redes sociales. Y además, unido a todo eso, tiene una doble o triple ventaja: además de enfrentarnos a nuestros propios traumas nos enteramos de qué va eso del Multiverso, y es que en el ficticio mundo de sus protagonistas Ismael y Amanda un día cualquiera se abre una brecha intermultiversal que comunica diferentes realidades... a través de Facebook.


Lejos de intentar ser un tratado de física cuántica El amor no es nada del otro mundo plantea a través de la divulgación científica preguntas acerca de nuestro propio comportamiento que, detrás de una fina capa de ironía, no son precisamente cómodas. El caso más visible es el de las redes sociales y todo lo que han conllevado en cuanto a la construcción de nuestra identidad (algo que para nada es ciencia ficción). La siguiente cita es un ejemplo bastante ilustrativo de que detrás de una imagen poética puede haber una visión nada autocomplaciente de una realidad cotidiana:

Ismael cada vez estaba más convencido de que el atractivo virtual de alguien era inversamente proporcional al brillo de su verdadera vida. Sólo había que ver su propio perfil, rebosando a diario de nuevos estados que viajaban por el ciberespacio arrastrando largos hilos de comentarios a sus espaldas. Tristes cometas abandonadas al viento (página 57).

Y ahora imaginemos que pudiéramos contactar con nuestros gemelos y todos los habitantes de otros universos paralelos precisamente a través de Facebook. Cuanto menos abrumador. Y a partir de esa posibilidad para el lector, al enfrentarse a la idea de que pudieran existir clones suyos esparcidos por otras dimensiones, por fuerza se hará la eterna pregunta de si habrá tomado las decisiones correctas en su vida y, sobre todo, qué hubiera pasado si... Según la teoría del Multiverso todas las posibilidades que pudieran darse, llegar a ser realidad en alguno de estos planos paralelos. Entonces, imposible no querer saber cómo le ha ido a nuestro otro yo de haberse casado con aquella novia a la que no debimos dejar, o sí. Y en el aire queda flotando otra cuestión: ¿no nos estaremos equivocando al pensar siempre que la felicidad estaba en la opción que no escogimos? Y con esta y otras preguntas sobre el universo o nuestro comportamiento a veces un tanto marciano en las redes sociales, llega uno al final por preguntarse por lo paradójico de buscar vida inteligente en otros planetas mientras no parece que esté muy claro que la haya en el nuestro.



//R.

The Skin Tailors_

#CienciaFicción #FélixJPalma #MaríaFortea

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