#Issue 15. Vida alrededor de una estrella.

Vivir junto a una estrella es algo que suena mucho más poético de lo que en realidad es. De hecho, la prosaica realidad es que por mucho que nos guste (y nos seguirá gustando) mirar al cielo en las noches de verano para dejarnos fascinar por millones de estrellas parpadeantes y de la atmósfera irreal que crean nuestra vida depende por completo de la estrella más cercana.


Dependemos del sol hasta el punto de que necesitamos una temperatura exacta para que las plantas y animales (de los que también dependemos) puedan vivir, una temperatura que oscila entre los -0° C y 49° C. Este rango parece bastante amplio, de hecho son casi 50° C, pero si tenemos en cuenta que este astro desprende sólamente en su superficie 5.500° C ya nos podemos hacer una idea de lo que supone alejarse y acercarse a él unos pocos kilómetros más de lo que acostumbramos a estar.

El astro rey tiene un diámetro de 1,4 millones de kilómetros (frente a los 12.750 kilómetros del de la tierra), lo que supone que los gases que contiene suponen como el 99,8% de la masa total del sistema solar. A la luz de estos datos no quedan dudas de que quizá a simple vista (y nunca mejor dicho) no podemos valorar ni de forma aproximada lo que el sol supone para nosotros y para el resto de planetas -conocidos o no- que lo orbitan, aunque sea solamente por su tamaño. De hecho, el sol es tan grande que un fotón que sale de su núcleo llevando la energía -energía que es calor- a su superficie tarda alrededor de un millón de años en llegar a su destino.


Sin sol no hay posibilidad alguna de sobrevivir y dentro de un tiempo esto será más importante que nunca, ya que nuestras fuentes de energía más habituales son finitas frente a la energía solar. Los científicos calculan que al sol le quedan unos 5 millones de años de vida, ya que poco a poco va agotando los gases que se encuentran en su interior. Cuando esto pase se hará aún más grande, tanto, que llegará incluso a ocupar un espacio 100 veces mayor del que ahora ocupa arrastrando consigo a todos los que depende de él. Mercurio, Venus, la Tierra y toda esa lista que desconocemos casi en su totalidad se verá devorada por su estrella. Arderá por el espacio durante millones y millones de años hasta que, cuando no existen ya medidas como espacio y tiempo, explotará en un poético y merecido final.


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