#Issue 23: Los viajes de tu memoria mientras duermes.

Lo de dormir poco o mucho y cómo ello afecta a nuestro cerebro y a nuestra memoria no es un mito: además de por necesidad biológica en cuanto al descanso, lo que se cuece y gesta mientras dormimos en esencial. Aunque todavía no se sabe muy bien todo lo relativo a cómo se forman y funcionan los diferentes tipos de memoria, parece fundamental el proceso que se lleva a cabo mientras dormimos y que podemos imaginar como una especie de viaje de ida y vuelta de informaciones que, a mayor reposo, más probabilidad de que se alojen en un lugar de nuestro cerebro donde permanecer más tiempo.


Y aunque no lo parezca porque estamos dormidos, la actividad que se desarrolla dentro de nuestra cabeza es, en realidad, frenética en la parte que está relacionada con la memoria (el hipocampo y el córtex). Eso sí, a más profundo sea el sueño, mejor en determinados aspectos. Curiosamente, se van alternando los períodos de mayor actividad con los periodos de inactividad por lo que se sospecha que esta alternancia afecta a las conexiones sinápticas que se dan durante el sueño profundo de tal manera que estos cambios afectarían a las conexiones neuronales relacionadas con el aprendizaje y la memoria. Como si se tratara de un laboratorio, se analizan los datos vivenciales del día así como los datos sensoriales vividos y se aisla lo que resulta de interés para así almacenarse en el córtex, pasando a formar parte de la memoria a largo plazo.

Dormir las 8 horas recomendables no es fácil por nuestros ritmos de vida y nuestras necesidades, y aunque no todos necesitamos las mismas, lo que está demostrado es que la falta de sueño es motivo de la aparición de la hormona del estrés y de otras que acarrean todo tipo de deficiencias físicas que nunca imaginaríamos tienen que ver con el sueño.


Que la memoria no deja de funcionar durante el sueño es algo que se explica con anécdotas tan famosas y simbólicas como la de las geniales ideas que surgieron en las mentes de sus ideadores mientras dormían: cómo a Dmitri Mendeléyev se le ocurrió la tabla periódica mientras dormía, a Beethoven sus más famosas sinfonías, a Mary Shelly su Frankenstein también en un sueño. El primero en hablar de cómo descansar es fundamental también para nuestras neuronas fue el científico alemán Hermann Ebbinghaus, apuntando la idea de que durmiendo se fija lo aprendido durante el día. Fue durante los años 50 cuando se demostró que nuestra cabeza no se apaga al dormirnos, sino que se procesa todo lo recogido en durante el día, como si de una planta de reciclaje se tratara. Lógicamente, los recuerdos que más probablemente quedarán fijados son los más próximos en el tiempo al haber sido adquiridos. Es decir, que lo que nos pasó ayer se almacenará en nuestro córtex si es relevante o no, pero también dependiendo de cómo dormimos ayer o no (entre otros factores).


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