#Issue 53: Valses contra la resaca.

Hay tradiciones sin mucho sentido que, de tanto repetirlas, no reparamos nunca en lo absurdas o anacrónicas que terminan por ser. De hecho, desconocemos el significado de la gran mayoría. Por suerte, en Europa llevamos casi un siglo celebrando Año Nuevo de una forma cada día más internacional. Así que es posible que la costumbre más compartida para cerrar el año sea comiendo y, sobre todo, bebiendo, pero sea grande o pequeña la resaca… ¿a quién no le gusta -y hasta le emociona- ver por la televisión como hacen más de 50 millones de espectadores (al menos una parte) del concierto de Año Nuevo?


Por algo a la música clásica se le llama así, y es que a cualquiera con un mínimo de sensibilidad -da igual si es reggaetonero, lego en conocimientos musicales o que incluso asegure odiar la música clásica- es imposible que no le emocione ver al director de turno de forma más alegre o más sobria dirigir anecdóticamente la Marcha Radetzky cerrando en concierto, porque es prácticamente imposible que alguien desconozca una música así y porque es perfecta para empezar el año con el ánimo por las nubes.


Ahora es habitual cuando enfocan al público engalanado darse cuenta a simple vista de que el prestigio y la procedencia de los invitados se ha "globalizado", algo que es perceptible incluso en las diferentes formas de aplaudir y no sólo en los rostros. Pero el origen de un evento como el Concierto de Año Nuevo surgió en un contexto bastante delimitado: el año 1939. Desde aquel entonces la música corre a cargo de la Filarmónica de Viena, ya que es allí donde siempre se ha celebrado y porque desde su origen se ha pretendido que tuviera una profunda identidad austriaca.


Hay que pensar por el contexto que el 31 de diciembre de 1939, cuando se celebró el primer Concierto de Año Nuevo (y no el 1 de enero) estamos hablando del apogeo de la Segunda Guerra Mundial y de la supremacía de Alemania, que por cierto nazificó un evento como este durante muchos años convirtiéndolo en propaganda del régimen. Pero más allá de la polémica en torno a la elección de temas y, sobre todo, de la identificación de Strauss hijo con el nazismo, después de mucha lucha por parte de la Filarmónica de Viena, por mucho que haya variado el repertorio nos queda mucho que disfrutan con tanta polka y tanto vals de los Strauss.



//R.

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